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Escuelas Bolivarianas - Agosto-2006 -
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El compromiso del Ministerio de Educación y
Deportes consiste en que todas las escuelas venezolanas se conviertan en
Escuelas Bolivarianas y esta denominación representa una gran
responsabilidad por su connotación histórica, ilustrada, nacionalista e
internacionalista que evoca y a la vez convoca. La referencia al
Libertador Simón Bolívar tiene un profundo valor para los venezolanos. Sus
ideas y acciones constituyen una referencia ineludible de nuestra
nacionalidad. Resaltar lo bolivariano nos dirige a lo mejor de nuestras
tradiciones y a los fundadores de la Nación. Toda esta situación
reivindica nuestras potencialidades y fortalezas como país y como pueblo.
En consecuencia ello nos abre posibilidades para contextualizarlo y
resignificarlo en nuestra realidad de hoy. No se trata, tampoco, de vivir
del pasado sino de reconocernos en nuestro acervo, para asumir las
responsabilidades que hoy corresponden y afrontar nuestros retos actuales.
El reencuentro con la idea Bolivariana corresponde a la escuela que
conlleva, en Primer Lugar la idea de cambio, de ruptura, de persisten10
cia y de reflexión. El reencuentro con Bolívar, y con el gran innovador
Simón Rodríguez, sirve para tomar ejemplo de quienes, contra toda clase de
avatares, levantaron sus ideas, pensaron con cabeza propia, combinaron la
reflexión y la acción, asumieron con todo empeño el compromiso de
enfrentar el reto de sus tiempos y, precisamente por eso, trascendieron
más allá de su época. En Segundo Lugar, nos recuerda que un pueblo es algo
más que un grupo de gente sobre un territorio. Así, una nación se reconoce
en su historia y sus referentes comunes, pero sobre todo se construye y
reconstruye en su acción diaria, en su capacidad para asumir un proyecto
conjunto, en función de asumir los retos del momento. Esta idea nos
confronta con la necesidad de reconstruir la nación. Una nación de todos y
no sólo para unos pocos. La escuela debe ser uno de los espacios donde los
actores que han estado relegados puedan irrumpir a la vida ciudadana, en
la construcción de una nación que se sostenga sobre el diálogo y el
reconocimiento de los derechos políticos, sociales, económicos y
culturales de todos. Los lenguajes y formas de las mayorías y de las
minorías, deben ser también protagonistas en los espacios públicos. La
participación tiene que ser el signo de la nueva democracia, participación
desde la diversidad, desde su reconocimiento y su aceptación, no como
aceptación verbal, estática, inamovible o conformista, sino como visión de
construcción y posibilidad. El reto que estamos asumiendo es el pasar de la
democracia representativa a la verdadera democracia
“participativa-protagónica”; por ello es determinante pasar del discurso a
la acción en el reconocimiento y la integración de la
diversidad.
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